Una vez por semana. Un poeta durante todo el año. Sin convertir cada poema en una lección que hay que diseccionar. Se lee, se escucha, se imagina y se disfruta juntos, hasta que las palabras de un autor se vuelven familiares en casa.
Porque un niño que crece escuchando buenas frases aprende a reconocer la belleza sin que nadie se la explique.
La guía de estos cuadernillos lo dice de forma sencilla: al estudiar poesía exponemos a nuestros hijos a buenas ideas, las que llegan a través de las frases que escuchan; y el estudio de la poesía aumenta en ellos la apreciación de la belleza. No hay más objetivo que ese, y no es poco.
Es bueno que elijamos a nuestros autores con prudencia tal como elegimos a nuestros amigos, y después debemos esperar respetuosamente a escuchar lo que ellos tienen que decirnos. Charlotte Mason
Poesía forma parte del área de Lenguaje —así lo dice la portada de los cuatro cuadernillos— y es uno de los estudios que enriquecen ese trabajo: no sustituye a la lectura ni a la escritura, las acompaña.
No es una antología con un poema de cada autor. Es convivir con una sola voz el ciclo escolar entero.
Al principio suena a poco. Pero al terminar el año tus hijos habrán escuchado alrededor de veinte poemas del mismo poeta y reconocerán su estilo: sabrán que un verso suena a Pombo antes de que nadie les diga de quién es. Eso no se consigue leyendo un poema de veinte autores distintos.
Y el poeta deja de ser un nombre en una lista. Se lee su biografía, se conversa sobre cómo imaginan que era, se le registra en la cronología de la familia. Al final del año es alguien conocido.
Una lectura breve cada semana basta para que, poco a poco, un poeta deje de ser un nombre y se convierta en una voz familiar.
Es la frase que más veces repite la guía, y la que más distingue a este estudio de una clase de literatura.
No traten de analizar el poema a profundidad, sino de disfrutarlo.De la guía del cuadernillo
No hay preguntas de comprensión, ni figuras retóricas que identificar, ni un cuestionario al final. Se lee, se escucha cómo suena, se conversa si apetece y se pasa a otra cosa. La comprensión llega después y por su cuenta, que es como llega de verdad.
Si un poema gusta mucho, se puede volver a él las veces que haga falta. El favorito se relee, se memoriza y se recita — pero porque gustó, no porque tocaba.
Doce semanas por trimestre. La mayoría son una lectura; algunas cambian la lectura por otra experiencia.
El cuadernillo trae la sugerencia semana a semana, para que nadie tenga que decidir cada lunes qué toca. Se puede seguir tal cual o mover a conveniencia.
La propia guía manda fuera del cuadernillo en una cosa: registrar al poeta en Mi Libro de los Siglos.
Cuatro poetas de lengua española. No son niveles de dificultad: son cuatro voces distintas, y se puede empezar por cualquiera.