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Nuestra forma de aprender

Estudio de la Naturaleza

Aprender a observar el mundo que nos rodea.

La naturaleza no se estudia solamente en un libro: se sale a encontrarla. Esta propuesta invita a observar, preguntar, dibujar, narrar e investigar juntos en familia, haciendo del contacto con el mundo natural un hábito que puede acompañar a nuestros hijos toda la vida.

Salir antes de estudiar

El cuadernillo acompaña el paseo. No lo sustituye.

El estudio de la naturaleza no es más que pasar tiempo al aire libre observando el entorno que nos rodea. No es una actividad puntual ni un temario que hay que cubrir: es un hábito de estar en contacto con la naturaleza de forma regular, a lo largo de la vida.

El estudio de la naturaleza es tan importante en la filosofía de Charlotte Mason como cualquier otra materia, ya que éste vendrá a ser el fundamento para el aprendizaje formal de todas las demás ciencias. Registro de la Naturaleza 1

Cuando un niño ya vio de cerca una pluma, un nido o una oruga, abrir un libro sobre aves o insectos deja de ser una tarea: es ir a buscar el nombre de algo que ya conoce.

Aprender a observar

Mirar con atención se aprende, y es la materia de verdad.

Todos los niños se sienten atraídos por la naturaleza. Lo que sí toca a los padres es enseñarles a detenerse: a quedarse quietos y en silencio hasta que el pájaro vuelva, a fijarse en la forma del pico, a notar que hoy la luna no se ve como ayer.

Cada mes se trabaja un tema —aves, nubes, monarcas, girasoles— y la caminata pone la atención ahí. Pero el propio material advierte de algo importante: que el tema del mes no cierre los ojos a lo demás. Si en pleno mes de las aves tus hijos encuentran una abeja trabajando en el jardín, se observa la abeja. La curiosidad que aparece sola es la que más enseña.

Llevar un diario de naturaleza

El diario convierte cada paseo en memoria.

De vuelta en casa se dibuja o se pinta lo que se observó esa semana: una pluma, el ave favorita, un nido. Y se anota lo que lo vuelve un registro y no un dibujo suelto: el nombre de lo encontrado, el lugar y la fecha.

No busca dibujos perfectos. Guarda preguntas, descubrimientos, colores, formas y aquello que le llamó la atención a cada quien. El material recomienda tener un cuaderno aparte para estos registros, donde caben también investigaciones, anécdotas, poemas y narraciones.

Ciencia, arte y literatura se encuentran

No es un cuadernillo de ciencias con hojas para rellenar.

Cada unidad junta cosas que la escuela suele separar: la explicación de por qué la luna cambia de forma, una obra de arte para contemplar sin prisa, un poema para leer en voz alta y una hoja en blanco para dibujar lo que se vio en el parque.

En el Libro 2, por ejemplo, la unidad de aves llega hasta Genevieve Jones, la naturalista que en 1878 se propuso ilustrar los nidos y huevos de los pájaros de Ohio porque a Audubon no les había prestado atención. Murió antes de terminar el libro y su familia lo completó por ella. Eso es historia natural, arte y biografía en la misma página.

Una experiencia para toda la familia

Los más pequeños

    Los mayores

      La naturaleza marca el ritmo

      El cuadernillo propone un camino, pero no pretende sustituir lo que está ocurriendo afuera.

      Si la unidad de nieve cae en un mes en el que en tu ciudad hace treinta grados, se cambia por otra. Si tus hijos se engancharon con las libélulas, pueden seguir investigándolas aunque el mes ya haya terminado. Adáptalo a tu clima, tu estación, tu ciudad y, sobre todo, a lo que despierta su curiosidad.

      Los dos registros

      Dos libros, nueve unidades cada uno. No son niveles: no hace falta terminar el primero para empezar el segundo.

      Dónde se conecta

      Estas conexiones no son un añadido nuestro: están dentro del propio cuadernillo.

      Preguntas frecuentes

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