Cinco minutos al día pueden convertirse en un hábito que acompaña a tus hijos durante años. Las tarjetas ayudan a la familia a aprender un pasaje a la vez y a repasarlo con una frecuencia cada vez menor, hasta que forma parte de la memoria.
Lo que hace el trabajo aquí es la constancia, no la duración.
Cinco minutos al día no parecen nada. Pero un pasaje aprendido en enero, repasado con el sistema, sigue ahí en diciembre — y al año siguiente también.
El cuarto paso es el que marca el ritmo: no se pasa al siguiente hasta poder recitar el actual sin leerlo. Da igual que sean tres días o tres semanas.
Lo difícil no es aprenderse un versículo. Es no olvidarlo tres meses después.
Para eso están los separadores. Un pasaje nuevo se repasa todos los días; conforme se asienta, va pasando a pestañas que lo devuelven cada vez menos seguido. Al final reaparece una vez al mes, cuando ya casi no hace falta.
Los separadores vienen incluidos en cada recurso: diario, par y non, los siete días de la semana y las 31 fechas del mes.
Esta no es una foto de catálogo. Es la cajita de casa, con la tarjeta de esta semana al frente.
Las tarjetas no fueron pensadas para quedarse dentro de un archivo. En casa las imprimimos, recortamos y organizamos para tenerlas siempre listas. Cada niño puede tomar una tarjeta para leerla y repasarla en familia.
Conforme un pasaje se memoriza, va avanzando dentro del sistema para volver a encontrarnos con él días, semanas y meses después.
La tarjeta del frente está escrita a mano. Así es como se ve un sistema que de verdad se usa.
Pao explica cómo incorporamos la Memorización de las Escrituras a nuestra rutina y cómo usamos las tarjetas.
Cada uno recorre un tramo de las Escrituras. No hay orden obligatorio.
El «Año» indica el lugar del recurso dentro de esta colección, no el grado escolar de tu hijo. Y a diferencia de Historia y Geografía, estos años no están emparejados con los de otras materias: puedes empezar por el que quieras.
Por el hábito, más que por el temario.