Conocer a un compositor empieza mucho antes de memorizar su biografía: empieza escuchando. Durante un trimestre su música suena en casa —en el desayuno, en el coche, a la hora del baño— y una vez por semana se dedican diez minutos a conocerlo un poco más.
No hay que sentarse a nada. La música suena mientras la vida pasa.
El cuadernillo lo dice sin rodeos: pon su música durante el desayuno, en el auto o a la hora del baño, y recuerden cada día el nombre de quien están escuchando. Eso es casi todo.
No se trata de escuchar «con atención» en el sentido de quedarse quieto. Se trata de escuchar mucho, hasta que esa música deje de ser desconocida.
Tres meses con la misma música. Suena a mucho, y es justo lo que hace falta.
Charlotte Mason proponía estudiar un artista a la vez, sin prisa. Aquí es lo mismo: un compositor por trimestre, unas doce semanas. Tiempo de sobra para que un niño reconozca que algo «suena a Mozart» antes de que nadie se lo diga.
Tres compositores al año, cuatro años, doce compositores. Y entre ellos, tres mexicanos: Manuel M. Ponce, José Pablo Moncayo y Carlos Chávez.
Primero el oído. La biografía viene después, y por eso se entiende.
Fíjate en el orden de las doce semanas: la música lleva ya semanas sonando cuando llega la biografía. Cuando por fin se cuenta quién era ese señor, el niño ya lo conoce por el oído, y la historia cae en algo que ya existe.
Al revés no funciona igual. Aprenderse las fechas de Beethoven sin haberlo escuchado nunca es aprenderse unas fechas.
El propio cuadernillo lo dice: diez minutos al día apreciando la música en familia es tiempo suficiente.
Son orientaciones del material, no obligaciones. El cuadernillo dice expresamente que las actividades pueden cambiarse de orden y el horario ajustarse a cada quien.
Estas son las doce semanas con un compositor, tal como vienen en el índice.
Las doce son iguales en los cuatro años, pero las actividades concretas cambian según la obra y el compositor. No todos los volúmenes traen exactamente lo mismo.
Son amigos nuestros, homeschoolers, y en su casa tocan los seis: el papá, la mamá y sus cuatro hijos. Alabanzas, casi siempre, y juntos.
Escuchar no siempre lleva a tocar, y no tiene por qué. Pero cuando la música es algo que ya vive en la casa, a veces un niño de dos años agarra una guitarra de su tamaño y se pone al lado de su papá. Eso no se enseña en una clase.
Publicadas con permiso de su familia
Cada cuadernillo reúne tres compositores para acompañar a la familia durante un ciclo escolar.
El «Año» indica el lugar del cuadernillo dentro de la colección, no el grado escolar de tu hijo. El material sirve desde primero de primaria hasta preparatoria.
Dos de las doce semanas mandan fuera del cuadernillo.